jueves 29 de julio de 2010

Acerca de la fuente de las "convicciones" progresistas del presente


Casi toda la gente está hipnotizada. La autoridad apropiada se ocupó de que la creencia apropiada fuese inducida, y la gente la creyó apropiadamente.

Charles Fort (1874-1932)


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Según el artículo en español que se le dedica en Wikipedia, el autor de esta frase es considerado actualmente como un cultor de la “pseudociencia” de comienzos del siglo veinte en los Estados Unidos. No me interesa ni refutar ni reafirmar dicha apreciación. Me doy cuenta, eso sí, de que no se trata de alguien a quien un progresista citaría con la frente en alto, ya que ¿quién no sabe que los progresistas son personas de fuertes convicciones científicas y que jamás difundirían algo que el consenso científico del día no haya avalado con anterioridad?

Pero como yo ni siquiera tengo idea de qué cosa sea realmente ser “progresista”, me he permitido citarlo aquí, esperando —eso sí— que ningún progresista se sienta ofendido…


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martes 27 de julio de 2010

El lazo que debería unirnos a nuestros enemigos

¿Es a Perón que se le atribuye la frase “para los amigos, todo; para los enemigos, ni justicia”?

En verdad, poco importa quién fue el que la formuló por primera vez. Lo importante es que nos resulta enormemente seductora y, por ello, delata a la perfección lo injustos que somos los hombres o, en todo caso, lo injustos que tendemos a ser… Nosotros siempre somos los "buenos"; nuestros enemigos siempre son los "malos"... ¿No es así, amigo lector?

Jesús enseñó algo acerca de esto a quienes lo escuchaban en el monte:

Habéis oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
(Mateo 5:43-45)

¿Qué es amar a nuestros enemigos según Jesús? ¿Es salir corriendo a su encuentro en cuanto lo vemos venir por la calle para abrazarlos y llenarlos de besos? Nuestros enemigos, ¿no son precisamente enemigos porque nos aborrecen? Así, ellos mismos no esperan semejante conducta de nuestra parte…

Pero Jesús nos dice algo importante: Dios hace salir su sol sobre malos y buenos y envía su lluvia sobre justos e injustos. En otras palabras, Dios no hace acepción de personas. Y sólo Él sabe bien quién es el bueno y quien es el malo.

Por lo tanto, amar a nuestros enemigos es, precisamente, no diferenciarlos a la hora de hacerles justicia; ser en esto como Dios, que no hace acepción de personas, lo cual es un principio básico de la auténtica justicia.

Y es que, en efecto, ¿qué otra cosa podemos dar a menudo a quien nos aborrece y hasta rechaza nuestro saludo sino JUSTICIA?


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jueves 15 de julio de 2010

Aquello que Dios detesta, ¿no es hoy nuestro pan cotidiano?

Hay seis cosas que el Señor aborrece,
y siete que le son detestables:

los ojos que se enaltecen,
la lengua que miente,
las manos que derraman sangre inocente,
el corazón que hace planes perversos,
los pies que corren a hacer lo malo,
el falso testigo que esparce mentiras,
y el que siembra discordia entre hermanos.



Proverbios 6:16-19


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La tradición ocultista del judaísmo y su omnipresencia en nuestros días


El judaísmo es una de las más antiguas tradiciones esotéricas vivas en el mundo. Virtualmente toda forma de misticismo y espiritualismo occidental conocida en el presente se reviste de las enseñanzas míticas y ocultistas judaicas: la magia, la angelología, la alquimia, la numerología, la proyección astral, los amuletos, los estados alterados de conciencia, la sanación alternativa y los rituales de poder, todos tienen sus raíces en el ocultismo judaico.


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viernes 2 de julio de 2010

Un título más valioso que mil artículos

"Una imagen —dice el conocido proverbio chino— vale más que mil palabras". De la misma manera, algunos títulos de artículos son, a veces, mucho más valiosos que los propios artículos; en algunos casos son, incluso, el artículo mismo. Tal es mi opinión a propósito de este encabezamiento que el escritor y periodista británico James Delinpole escogió para la entrada del pasado 28 de junio en el blog que publica en el sitio del Telegraph:

I'd rather stick my hand in a bag of amphetamine-injected rattlesnakes than put my trust in tonight's BBC Panorama documentary on 'Global Warming'

(Antes metería mi mano en una bolsa de serpientes de cascabel inyectadas con anfetamina que poner mi confianza en el documental de esta noche en Panorama de la BBC sobre el “Calentamiento Goblal”)

A mi entender, una obra maestra del titulado. Y, por cierto, muy bien empleada...


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miércoles 30 de junio de 2010

Resumen de junio de 2010

Este que termina ha sido un mes muy atareado para mí y, sin embargo, me las he arreglado para publicar el mayor número de entradas mensuales de lo que va del el año.

He incluido por fin (y ampliado a su contexto original) una muy barroca frase del también muy barroco poeta y ministro inglés John Donne, la cual leí una vez citada por Borges: “Yo mismo soy la Babilonia de la que debo huir”. Y como estas palabras ilustran un tanto veladamente de qué cosa nos salva realmente Dios, la he complementado con un pasaje de la carta a los cristianos de Roma del apóstol Pablo, ya que, en efecto, ambos textos se complementan muy bien y nos permiten asomarnos al auténtico sentido de la salvación.

Luego he publicado un texto de Stephen Jones acerca de las adversidades y de cómo sigue a estas, casi inevitablemente, la amargura. Y como la amargura nubla la vista y afila las uñas, es importante aplicar siempre la visión del espíritu a fin de volver a nuestros cabales. Esto es, en definitiva, lo que nos enseña “La Lección de Job”.

Como este año ha comenzado con terremotos devastadores que no han dejado de ser vinculados, aquí y allá, con la parafernalia que rodea al año 2012 —a mi modo ver, una expectación ampliamente propiciada y alimentada desde los medios de comunicación de masas, vaya uno a saber con qué finalidad—, me he volcado a analizar un pasaje en el evangelio de Mateo en el que Jesús habla, precisamente, de “terremotos”. ¿Pero se refería Jesús realmente a movimientos telúricos, o hablaba más bien de otro tipo de agitación? Es esto, en definitiva lo que intento clarificar en la entrada titulada “¿Terremotos o levantamientos populares?”

El gran tema del mes ha sido, con todo, el brutal e ilegal abordaje en aguas internacionales del barco turco Mavi Marmara, integrante de la Flotilla de la Paz por Gaza, por parte del ejército israelí, con un saldo de “unos” 10 muertos. Como siempre en estos casos tan ventilados en la prensa de todo el mundo, el Estado de Israel ha aducido intenciones violentas y conexiones terroristas entre los pasajeros. Sin embargo, el testimonio de la diputada árabe Hanin Zoabi —presente en la nave turca durante el asalto y casi linchada por sus pares judíos al tomar la palabra en la Kneset algunos días después del incidente— es claro en el sentido de que nada de lo dicho por los voceros castrenses y gubernamentales tiene relación con la verdad de lo sucedido a bordo del barco.

Lo cierto es que la sociedad sionista que vive en Israel pareciera estar ingresando en un estadio de locura y negación difícil de sostener por mucho tiempo más. Muchos judíos nacidos en Israel han ido tomado cuenta de esto con el correr de los años y han optado por abandonar su suelo natal. Tal fue el caso del músico de jazz Gilad Atzmon, del profesor de Historia Ilan Pappé y de la psicoterapeuta Avigail Abarbanel, entre otros. Ésta última comenta los motivos que la llevaron a dejar la tierra en la que nació en un artículo del año pasado titulado “La creciente locura de Israel”, el cual he traducido y publicado en este mes que termina. Y como gran parte de esa locura se refleja en los profusos intentos de “explicar” lo que ocurrió con la Flotilla apelando a métodos de captatio benevolentiae tan ridículos como el humor (tal como ocurrió con la fallida parodia de “We are the World” producida por Caroline Glick, una periodista israelí-norteamericana del Jerusalem Post), me ha parecido crucial el traducir y publicar un artículo del bloggero judeo-norteamericano Adam Horowitz, tan breve como contundente, cuyo título ilustra la razón del fracaso de los israelíes en su intento de explicar lo inexplicable: “La Internet mató a la estrella Hasbará”.

El clima orwelliano todo lo permea en nuestros días; y muy posiblemente vaya a recrudecer en los próximos años. De allí que me haya sentido animado a publicar el capítulo primero de la “Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico”, un fragmento riquísimo de la alucinante novela 1984 de George Orwell. Creo que el lector que se aventure en dicho texto podrá comprobar en su conciencia, sin demasiado esfuerzo, el tremendo paralelismo existente entre la Oceanía de Orwell y el mundo en el que actualmente vivimos y nos movemos. Y para los duros de entendimiento o los de mala voluntad, he incluido también algunas marcas concretas de la existencia contemporánea de conductas y dichos de tono inequívocamente orwellianos en el Estado de Israel, en los Estados Unidos y en China. A estas pinceladas las he titulado, un tanto previsiblemente, “Orwell en Israel”, “Orwell en América” y “Orwell en China”.

El silencio humano va hoy a la par de millares de sonidos electrónicos brotados de nuestros televisores, de nuestras computadoras, de nuestros celulares, etc. Pero, a mi entender, no importa tanto el vislumbrar que este silencio reemplaza muchas veces a la verdad como el darse cuenta de las implicancias de dicho reemplazo. ¿Nos damos cuenta, olfateamos realmente a dónde conduce todo esto que nos rodea y que se nos presenta como “la vida cotidiana”?

Dice el proverbio: “Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido, no se apartará de él su necedad” (Proverbios 27:22). Pero, en verdad, el machacamiento suele provenir más bien de los necios, los cuales pregonan su insensatez y exponen sus corazones con sus palabras, sin vergüenza ni pudor alguno. ¿Qué se ha de hacer entonces ante las palabras del necio, especialmente cuando éste espera que le paguemos con su misma moneda? En otras palabras, ¿cómo se le ha de responder al necio? La clave sobre este asunto constituye otra de las entradas de este mes en La Escritura en la Pared.

Hay otro proverbio —en este caso popular— que reza “de tal palo, tal astilla”. Sus connotaciones suelen ser negativas y aplicarse a las malas acciones de un hombre cuando son parecidas a las de su padre. Pero en el caso de la entrada a la que titulé “De tal Padre, tal Hijo…” y en la que cito dos pasajes del libro del profeta Isaías, se trata de contemplar el propósito maravilloso con el que Dios envió a Jesucristo a caminar entre los hombres reflejado en un testimonio escrito con unos 700 años de antelación respecto de ese momento. Este propósito lo veremos totalmente cumplido en nuestro propio tiempo, de manera que lejos de ser una “reliquia del pasado”, las palabras que reproduzco en la entrada mencionada deberían considerarse como un recordatorio de algo ineludible.

Otro tanto puede decirse del salmo 66 que he incluido también entre las entradas de junio de este blog, el cual describe, por un lado, la opresión que el remanente de los hijos de Israel sufre hoy en el Medio Oriente a mano de los enemigos de Dios y, por el otro, confirma una vez más lo que se puede leer a lo largo de las Escrituras: Dios mismo disciplina a su pueblo mediante el yugo pesado de los impíos y Él mismo lo libera luego de dicho yugo. No entender esto es signo seguro de que nada se entenderá de lo que hoy ocurre en aquella región del planeta. Y de hecho, ¿quién comprende realmente lo que allí ocurre hoy?

El salmo 131 es otro de los cánticos de adoración que he incluido en La Escritura en la Pared durante el mes que hoy termina. Se trata del salmo más breve de los ciento cincuenta que integran el libro de los salmos. Compuesto por el rey David, nos sugiere lo que la mente escéptica y cínica de nuestro tiempo no podrá aceptar fácilmente: es compatible ser un rey poderoso y, al mismo tiempo, confiar en Dios de la misma manera en que un bebé confía en su madre. Y, en efecto, cuando leemos la historia de David, vemos que su vida estuvo signada por la persecución, el adulterio, el asesinato, la destitución y otras circunstancias de lo más duras, y que, sin embargo, su confianza inalterable en Dios lo condujo a buen puerto.

Finalmente, me ha sorprendido encontrar mi propio sentir acerca de lo que significa ser cristiano tan bien reflejado en conceptos expresados por un hombre hace unos dieciséis siglos en Asia Menor. Pero tal ha sido el caso con unas palabras de Juan Crisóstomo que aniquilan toda excusa humana para recurrir a la persecución y aún a la violencia en el nombre de Jesús. Con la alusión a la entrada que reproduce estas palabras suyas, concluyo este resumen de junio de La Escritura en la Pared y me despido hasta el próximo.


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domingo 27 de junio de 2010

Salmo 66 – La prueba presente y la liberación futura de Dios en la tierra de Israel

Para el director del coro. Cántico. Salmo.

Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra;
cantad la gloria de su nombre;
haced gloriosa su alabanza.

Decid a Dios: ¡Cuán portentosas son tus obras!
Por la grandeza de tu poder, tus enemigos fingirán obedecerte.

Toda la tierra te adorará,
y cantará alabanzas a ti,
cantará alabanzas a tu nombre.
(Selah)

Venid y ved las obras de Dios,
admirable en sus hechos a favor de los hijos de los hombres.

Convirtió el mar en tierra seca;
cruzaron el río a pie;
regocijémonos allí en Él.

Él domina con su poder para siempre;
sus ojos velan sobre las naciones;
no se enaltezcan los rebeldes.
(Selah)

Bendecid, oh pueblos, a nuestro Dios,
y haced oír la voz de su alabanza.
Él es quien nos guarda con vida,
y no permite que nuestros pies resbalen.

Porque tú nos has probado, oh Dios;
nos has refinado como se refina la plata.
Nos metiste en la red;
carga pesada pusiste sobre nuestros lomos.
Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas;
pasamos por el fuego y por el agua,
pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia.

Entraré en tu casa con holocaustos;
a ti cumpliré mis votos,
los que pronunciaron mis labios
y habló mi boca cuando yo estaba en angustia.
Te ofreceré holocaustos de animales engordados,
con sahumerio de carneros;
haré una ofrenda de bueyes y machos cabríos.
(Selah)

Venid y oíd, todos los que a Dios teméis,
y contaré lo que Él ha hecho por mi alma.

Con mi boca clamé a Él,
y ensalzado fue con mi lengua.

Si observo iniquidad en mi corazón,
el Señor no me escuchará.
Pero ciertamente Dios me ha oído;
Él atendió a la voz de mi oración.

Bendito sea Dios,
que no ha desechado mi oración,
ni apartado de mí su misericordia.



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viernes 25 de junio de 2010

Nuestros días, la verdad y el silencio


Cuando el silencio reemplaza a la verdad, el silencio es mentira.
poeta, pedagogo y cieneasta ruso (1933)


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jueves 24 de junio de 2010

La diferencia entre un cazador de herejes y un cristiano en palabras de Juan Crisóstomo de Constantinopla


No persigo al hereje físicamente, pero le hago la guerra con palabras; y ni siquiera voy contra él, sino sólo contra su herejía. No desprecio al hombre, es el error lo que detesto, e intento sacar a aquél de éste… Estoy acostumbrado a ser perseguido, no a perseguir a otros… Así triunfó Cristo; Él no crucificó, sino que fue Él mismo crucificado. No golpeó Él a otros, sino que fue Él mismo golpeado.


Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla, s. III-IV d. de C.


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miércoles 23 de junio de 2010

De tal Padre, tal Hijo...


“Éste es
mi siervo, a quien sostengo,
mi escogido, en quien me deleito;
sobre él he puesto mi Espíritu,
y llevará justicia a las naciones.

“No clamará, ni gritará,
ni alzará su voz por las calles.

“No acabará de romper la caña quebrada,
ni apagará la mecha que apenas arde.

“Con fidelidad hará justicia;
no vacilará ni se desanimará
hasta implantar la justicia en la tierra.
Las costas lejanas esperan su enseñanza.”

Así dice Dios, el Señor,
el que creó y desplegó los cielos;
el que expandió la tierra
y todo lo que ella produce;
el que da aliento al pueblo que la habita,
y vida a los que en ella se mueven:

“Yo, el Señor, te he llamado en justicia;
te he tomado de la mano.
Yo te formé, yo te constituí
como pacto para el pueblo,
como luz para las naciones,
para abrir los ojos de los ciegos,
para librar de la cárcel a los presos,
y del calabozo a los que habitan en tinieblas.

“Yo soy el Señor; ¡ése es mi nombre!
No entrego a otros mi gloria,
ni mi alabanza a los ídolos.

Las cosas pasadas se han cumplido,
y ahora anuncio cosas nuevas;
¡las anuncio antes que sucedan!”


Isaías 42:1-9


“El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a sanar los corazones heridos,
a proclamar liberación a los cautivos
y libertad a los prisioneros,
a pregonar el año del favor del Señor
y el día de la venganza de nuestro Dios,
a consolar a todos los que están de duelo,
y a confortar a los dolientes de Sión.
Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas,
aceite de alegría en vez de luto,
traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento.

Serán llamados robles de justicia,
plantío del Señor, para mostrar su gloria.
Reconstruirán las ruinas antiguas,
y restaurarán los escombros de antaño;
repararán las ciudades en ruinas,
y los escombros de muchas generaciones.”


Isaías 61:1-4


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viernes 18 de junio de 2010

Orwell en China


Antes que anunciar una nueva era de libertad, la Internet está posibilitando a las autoridades chinas el perfeccionamiento del control totalitario en una forma que pone en vergüenza a los gobernantes de 1984 de George Orwell.

MaJian, “China is putting 1984 to shame”, Taipei Times (2005)


La imposición de la ley en China toma la forma de una curva sinusoide. Las leyes son estrictamente impuestas en un comienzo; luego, después de un tiempo, la situación se relaja, hasta el momento en que el gobierno siente la necesidad de lanzar una advertencia y las normas son nuevamente impuestas con fuerza. Dichas oscilaciones en la imposición se encuentran muy bien ilustradas en las razias a los cafés con Internet que se realizan cada tanto para asegurarse de que estos adhieren a la normativa. Estas razias y otras acciones son luego ampliamente transmitidas por los medios de comunicación del estado para maximizar la exposición. En el contexto del Panóptico (*) : dichas acciones son necesarias para recordar a los prisioneros que están siendo monitoreados.


(*) Panóptico. Dispositivo de control y vigilancia ideado por el filósofo utilitarista ingles Jeremy Bentham (1748-1832) para prisiones, establecimientos educativos y hospicios, el cual consiste en ubicar a un guardián en el centro de un edificio circular, en cuyos extremos se hallan las celdas a ser vigiladas. Puesto que desde su lugar el guardián puede ver lo que ocurre en cada una de las celdas sin ser visto por quienes están en ellas y puesto que estos ignoran si están siendo vigilados en un momento dado, se supone que, ante la duda, las personas objeto de la vigilancia optan por la “buena conducta”.


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jueves 17 de junio de 2010

Orwell en América


La
era tecnotrónica supone la aparición gradual de una sociedad más controlada. Dicha sociedad estaría dominada por una elite no refrenada por los valores tradicionales. Pronto será posible hacer valer la vigilancia continua sobre cada ciudadano y mantener archivos completos y actualizados que contengan incluso la información más personal sobre el mismo. Tales archivos estarán sujetos a una recuperación instantánea por parte de las autoridades.


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miércoles 16 de junio de 2010

Orwell en Israel


Era
1983, pero en la escuela estábamos ya estudiando 1984 de Orwell, un libro que nos aterraba por su similitud con Israel. A la Guerra del Líbano, que había comenzado un año antes, el gobierno aún la llamaba “la Guerra por la Paz de Galilea”. La contracción del posesivo en hebreo juntó las dos palabras (*), las cuales sonaban exactamente como “Guerra-Paz”, creando un perfecto oxímoron orwelliano. Todos pasamos por alto el obvio contexto contemporáneo del libro en nuestros comentarios; semejante semántica sólo podía pertenecer al enemigo, y nosotros vivíamos en una sociedad ilustrada. Nuestro gobierno no pudo haber escogido concientemente una opción tan orwelliana. Y aún así, una pequeña voz en mi cabeza me decía otra cosa, algo que debía quedar en mí. El error en el sistema que permitía que un libro tan subversivo estuviese en nuestra lista de lecturas sólo podía interpretarse como una inconsistencia en dicho sistema. Sin embargo, una explicación alternativa aterradora era que 1984 había sido incluido en la lista oficial de libros del Ministerio de Educación intencionalmente, de manera que temiéramos para siempre a la autoridad y nos portáramos bien. Fue nuestra primera lección sobre la manipulación del pueblo por parte de su gobierno.


(*) La contracción del posesivo en hebreo juntó las dos palabras. El autor se refiere a la absoluta contigüidad que en la expresión hebrea מלכמת שלום הגליל (Miljemet Shalom Ha-Galil, literalemente "la guerra de la paz de la Galilea") tienen las palabras miljemet (guerra) y shalom (paz), lo cual ciertamente crea un efecto orwelliano único. (Nota de la Traducción)


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miércoles 9 de junio de 2010

“La Internet mató a la estrella Hasbará”, por Adam Horowitz

Una de las tendencias más sorprendentes que ha seguido al ataque a la flotilla ha sido la rapidez con la que la hasbará (1) israelí ha sido expuesta y desacreditada por periodistas de la Internet. Robert Mackey ha resaltado hoy en el blog The Lede, del Times, algunos ejemplos de ello: el informe de Max Blumenthal sobre el audio del ataque falsificado por el EDI (2) y el trabajo de Noam Sheizaf sobre las fotos turcas del ataque al Mavi Marmara, las cuales contradicen las afirmaciones del EDI. A estos dos agregaría el trabajo de Lia Tarachansky y de Blumenthal que desmiente la afirmación del EDI de que la flotilla estaba vinculada a Al Qaeda, el trabajo de Jared Malsin que confirma la falsificación del audio y el de Ali Abunimah, quien ha estado a la vanguardia de muchos de tales artículos y que últimamente ha estado reconstruyendo la trayectoria del Mavi Marmara para demostrar que se encontraba realmente huyendo al momento del ataque israelí. Todo esto ha aparecido en la Internet y está ayudando a dar forma a la trama, a pesar de los muchos esfuerzos del Ministerio de Asuntos Extranjeros israelí.

Tales iniciativas están ayudando a llenar el vacío crucial en torno a la narrativa del ataque, ya que Israel aún se rehúsa a compartir la totalidad del material de video y fotográfico que confiscó a los pasajeros de la flotilla. Israel ha publicado fragmentos de secuencias del material filmado, los cuales cree que apoyan su versión de los hechos, creyendo, aparentemente, que al limitar el acceso al material podría controlar la trama. Claramente, no ha sido este el caso. En lugar de ello, se encuentran a la defensiva, ocupados en publicar aclaraciones y excusas. El único “éxito” en sus esfuerzos de hasbará ha sido el tiro de gracia racista “We are the world” (3), el cual realmente sólo confirma cuán poco oído tienen en este momento los israelíes respecto de los sentimientos de todo el mundo. El hecho de que se considere a este bochorno como un éxito en los círculos israelíes ha sido calificado como “Síndrome de Enajenación de la Hasbará” por el bloguero israelí Didi Remez. Terminaron teniendo que pedir disculpas también por esto, aunque el vocero israelí Mark Regev “lo vio divertido”.

Tal parece que la hasbará israelí se está poniendo un poco más difícil en la era de la Internet. Quiero decir: ¿quién va a creerse lo de “una tierra sin un pueblo para un pueblo sin una tierra” cuando hay diez videos en YouTube que te desmienten?


Fuente: Mondoweiss


NOTAS DE LA TRADUCCIÓN

(1) Hasbará. “Esclarecimiento” o “explicación” en hebreo. Se refiere a las iniciativas gubernamentales del Estado de Israel y de otros grupos y organizaciones sionistas para explicar las políticas de dicho estado a la opinión pública internacional. Se entiende que tal “explicación” no es más que propaganda favorable al Estado de Israel, que cuenta incluso con un Ministerio de Hasbará, tal como había en la Oceanía de 1984 un Ministerio de la Verdad. De hecho, el paralelismo que se observa entre el uso del lenguaje en el estado sionista y el orwelliano no puede menos que sorprender: en el primero, el ejército encargado de oprimir, encarcelar, torturar y matar a la población originaria a la cual despojó de sus hogares y de su tierra se llama "Ejército de Defensa", mientras que en el segundo "El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; El Ministerio de la Verdad, de las mentiras; el Ministerio del Amor, de la tortura, y el Ministerio de la Abundancia, del hambre". Continúa Orwell: "Estas contradicciones no son accidentales, no resultan de la hipocresía corriente. Son ejercicios de doblepensar. Porque sólo mediante la reconciliación de las contradicciones es posible retener el mando indefinidamente. Si no, se volvería al antiguo ciclo. Si la igualdad humana ha de ser evitada para siempre [...] será imprescindible que el estado mental predominante sea la locura controlada". Para tener una idea de aquello a lo que el autor de 1984 llama doblepensar, véase las entradas anteriores
"Pensando el doblepensar" y "A propósito de una célebre frase de Abraham Lincoln". Por otra parte, quien desee tener una semblanza de la sociedad israelí desde una perspectiva orwelliana, puede remitirse al excelente artículo de Lawrence Davidson "Orwell and Kafka in Israel-Palestine" [Logos, 3 (1), winter 2004].

(2) EDI. Consigno así la sigla IDF utilizada en el mundo de habla inglesa por Israel Defense Forces, esto es, Ejército de Defensa de Israel.

(3) Tiro de gracia racista "We are the world". Se trata de una desafortunadísma, patética parodia filmada por un grupo de "hasbaristas" israelíes en base a la melodía de la conocida canción de 1985 grabada por la agrupación USA for Africa con fines de beneficiencia y a la cual titularon "We con the world" (Engañamos al mundo). Su letra refleja la insostenible teoría de que el barco Mavi Marmara llevaba a bordo un grupo de violentos terroristas que pretendían introducir armas en la Franja de Gaza.

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martes 8 de junio de 2010

Confiando en Dios como un recién nacido

Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos;
no ando tras las grandezas,
ni en cosas demasiado difíciles para mí;

sino que he calmado y acallado mi alma;
como niño destetado en el regazo de su madre,
como niño destetado reposa en mí mi alma.

Espera, oh Israel, en el SEÑOR,
desde ahora y para siempre.


Salmo 131 (de David)

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Este salmo de David es el más breve de todos los salmos y, a mi entender, uno de los más hermosos.

¡David, el gran rey de Israel, se sentía como un niño destetado ante Dios! Esto es tan profundo y a la vez tan simple que faltan las palabras para expresar adecuadamente todo lo que implica. Por cierto, dicho salmo ilustra plenamente aquellas palabras del profeta Samuel acerca de David: “El Señor ha buscado para sí un hombre conforme a su corazón” (1 Samuel 13:14; cf. Hechos 13:22).

En efecto, a Dios le agradan quienes confían en Él como un recién nacido en su madre.

Bienaventurado el que así espera en Dios.


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lunes 7 de junio de 2010

"Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico" (Capítulo I), por George Orwell

El pasaje de 1984 de George Orwell que a continuación comparto con el lector es, a mi juicio, uno de los fragmentos más notables de la literatura del siglo veinte y acaso de todos los tiempos. El mismo no solamente explica gran parte de las condiciones que posibilitan el funcionamiento de Oceanía —el pesadillesco estado en el que transcurre la novela de Orwell— sino que, a mi entender, esboza además ciertos principios sutilmente puestos en práctica por quienes detentan el poder político-económico y mediático desde por lo menos el final de la Segunda Guerra Mundial y, muy especialmente, desde el comienzo de la así llamada “Guerra contra el Terrorismo”. Esto último se hace aún más manifiesto en el otro "extracto" de la Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico presente en 1984, el cual pertenecería al capítulo III del hipotético texto y cuyo título reproduce otro de los slogans del Partido: "la guerra es la paz" (los otros dos son "la libertad es la esclavitud" y "la ignorancia es la fuerza", título del capítulo I de la Teoría y Práctica que reproduzco más abajo).

Como ya he dicho en
otra entrada, es muy probable que Orwell fuera capaz de escribir su obra sencillamente aplicando su inventiva literaria a la descripción de las intenciones y de los planes para el mundo de personas muy concretas que han dejado eventualmente, aquí y allá, incluso a la luz del día, un registro de los mismos, intenciones y planes que le eran en parte conocidos por su calidad de insider. Sin embargo, sospecho que los motivos reales que lo llevaron a escribir y a publicar 1984 (escrita en 1948 y publicada un año después) quedarán por algunos años más en los anales del misterio.

El fragmento de la
Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico que publico aquí casi en su totalidad (exceptuando el último párrafo del mismo, que queda trunco en la novela) sigue la traducción de 1984 que la Escuela de Filosofía de la Universidad ARSIS de Chile ha puesto a disposición en la Web. Aquel lector de habla hispana que no haya leído aún la novela y desee hacerlo, puede acceder directamente al texto completo de la misma cliqueando aquí.


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TEORÍA Y PRÁCTICA DEL COLECTIVISMO OLIGÁRQUICO

Por Emanuel Goldstein


CAPÍTULO PRIMERO

La ignorancia es la fuerza


Durante todo el tiempo de que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases de personas: los Altos, los Medianos y los Bajos. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso después de enormes conmociones y de cambios que parecían irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse, igual que un giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho que lo empujemos en un sentido o en otro.

Los fines de estos tres grupos son inconcebibles. Los Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, cuando la tienen —porque su principal característica es hallarse aplastados por las exigencias de la vida cotidiana—, consiste en abolir todas las distinciones y crear una sociedad en que todos los hombres sean iguales. Así, vuelve a presentarse continuamente la misma lucha social. Durante largos períodos, parece que los Altos se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos o se debilita su capacidad para gobernar, o ambas cosas a la vez. Entonces son derrotados por los Medianos, que llevan junto a ellos a los Bajos porque les han asegurado que ellos representan la libertad y la justicia. En cuanto logran sus objetivos, los Medianos abandonan a los Bajos y los relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose ellos en los Altos. Entonces, un grupo de los Medianos se separa de los demás y empiezan a luchar entre ellos. De los tres grupos, solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera transitoriamente. Sería exagerado afirmar que en toda la Historia no ha habido progreso material. Aun hoy, en un período de decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido acercarse ni un milímetro a la igualdad humana. Desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos.

A fines del siglo XIX eran muchos los que habían visto claro este juego. De ahí que surgieran escuelas del pensamiento que interpretaban la Historia como un proceso cíclico y aseguraban que la desigualdad era la ley inalterable de la vida humana. Desde luego, esta doctrina ha tenido siempre sus partidarios, pero se había introducido un cambio significativo. En el pasado, la necesidad de una forma jerárquica de la sociedad había sido la doctrina privativa de los Altos. Fue defendida por reyes, aristócratas, jurisconsultos, etc. Los Medianos, mientras luchaban por el poder, utilizaban términos como «libertad», «justicia» y «fraternidad». Sin embargo, el concepto de la fraternidad humana empezó a ser atacado por individuos que todavía no estaban en el Poder, pero que esperaban estarlo pronto. En el pasado, los Medianos hicieron revoluciones bajo la bandera de la igualdad, pero se limitaron a imponer una nueva tiranía apenas desaparecida la anterior. En cambio, los nuevos grupos de Medianos proclamaron de antemano su tiranía. El socialismo, teoría que apareció a principios del siglo XIX y que fue el último eslabón de una cadena que se extendía hasta las rebeliones de esclavos en la Antigüedad, seguía profundamente infestado por las viejas utopías. Pero a cada variante de socialismo aparecida a partir de 1900 se abandonaba más abiertamente la pretensión de establecer la libertad y la igualdad. Los nuevos movimientos que surgieron a mediados del siglo, Ingsoc en Oceanía, neobolchevismo en Eurasia y adoración de la muerte en Asia oriental, tenían como finalidad consciente la perpetuación de la falta de libertad y de la desigualdad social. Estos nuevos movimientos, claro está, nacieron de los antiguos y tendieron a conservar sus nombres y aparentaron respetar sus ideologías. Pero el propósito de todos ellos era sólo detener el progreso e inmovilizar a la Historia en un momento dado. El movimiento de péndulo iba a ocurrir una vez más y luego a detenerse. Como de costumbre, los Altos serían desplazados por los Medianos, que entonces se convertirían a su vez en Altos, pero esta vez, por una estrategia consciente, estos últimos Altos conservarían su posición permanentemente.

Las nuevas doctrinas surgieron en parte a causa de la acumulación de conocimientos históricos y del aumento del sentido histórico, que apenas había existido antes del siglo XIX. Se entendía ya el movimiento cíclico de la Historia, o parecía entenderse; y al ser comprendido podía ser también alterado. Pero la causa principal y subyacente era que ya a principios del siglo XX era técnicamente posible la igualdad humana. Seguía siendo cierto que los hombres no eran iguales en sus facultades innatas y que las funciones habían de especializarse de modo que favorecían inevitablemente a unos individuos sobre otros; pero ya no eran precisas las diferencias de clase ni las grandes diferencias de riqueza. Antiguamente, las diferencias de clase no sólo habían sido inevitables, sino deseables. La desigualdad era el precio de la civilización. Sin embargo, el desarrollo del maquinismo iba a cambiar esto. Aunque fuera aún necesario que los seres humanos realizaran diferentes clases de trabajo, ya no era preciso que vivieran en diferentes niveles sociales o económicos. Por tanto, desde el punto de vista de los nuevos grupos que estaban a punto de apoderarse del mando, no era ya la igualdad humana un ideal por el que convenía luchar, sino un peligro que había de ser evitado. En épocas más antiguas, cuando una sociedad justa y pacífica no era posible, resultaba muy fácil creer en ella. La idea de un paraíso terrenal en el que los hombres vivirían como hermanos, sin leyes y sin trabajo agotador, estuvo obsesionando a muchas imaginaciones durante miles de años. Y esta visión tuvo una cierta importancia incluso entre los grupos que de hecho se aprovecharon de cada cambio histórico. Los herederos de la Revolución francesa, inglesa y americana habían creído parcialmente en sus frases sobre los derechos humanos, libertad de expresión, igualdad ante la ley y demás, e incluso se dejaron influir en su conducta por algunas de ellas hasta cierto punto. Pero hacia la década cuarta del siglo XX todas las corrientes de pensamiento político eran autoritarias. Pero ese paraíso terrenal quedó desacreditado precisamente cuando podía haber sido realizado, y en el segundo cuarto del siglo XX volvieron a ponerse en práctica procedimientos que ya no se usaban desde hacía siglos: encarcelamiento sin proceso, empleo de los prisioneros de guerra como esclavos, ejecuciones públicas, tortura para extraer confesiones, uso de rehenes y deportación de poblaciones en masa. Todo esto se hizo habitual y fue defendido por individuos considerados como inteligentes y avanzados. Los nuevos sistemas políticos se basaban en la jerarquía y la regimentación.

Después de una década de guerras nacionales, guerras civiles, revoluciones y contrarrevoluciones en todas partes del mundo, surgieron el Ingsoc y sus rivales como teorías políticas inconmovibles. Pero ya las habían anunciado los varios sistemas, generalmente llamados totalitarios, que aparecieron durante el segundo cuarto de siglo y se veía claramente el perfil que había de tener el mundo futuro. La nueva aristocracia estaba formada en su mayoría por burócratas, hombres de ciencia, técnicos, organizadores sindicales, especialistas en propaganda, sociólogos, educadores, Periodistas y políticos profesionales. Esta gente, cuyo origen estaba en la clase media asalariada y en la capa superior de la clase obrera, había sido formada y agrupada por el mundo inhóspito de la industria monopolizada y el gobierno centralizado. Comparados con los miembros de las clases dirigentes en el pasado, esos hombres eran menos avariciosos, les tentaba menos el lujo y más el placer de mandar, y, sobre todo, tenían más consciencia de lo que estaban haciendo y se dedicaban con mayor intensidad a aplastar a la oposición. Esta última diferencia era esencial. Comparadas con la que hoy existe, todas las tiranías del pasado fueron débiles e ineficaces. Los grupos gobernantes se hallaban contagiados siempre en cierta medida por las ideas liberales y no les importaba dejar cabos sueltos por todas partes. Sólo se preocupaban por los actos realizados y no se interesaban por lo que los súbditos pudieran pensar. (*) En parte, esto se debe a que en el pasado ningún Estado tenía el poder necesario para someter a todos sus ciudadanos a una vigilancia constante. Sin embargo, el invento de la imprenta facilitó mucho el manejo de la opinión pública, y el cine y la radio contribuyeron en gran escala a acentuar este proceso. Con el desarrollo de la televisión y el adelanto técnico que hizo posible recibir y transmitir simultáneamente en el mismo aparato, terminó la vida privada. Todos los ciudadanos, o por lo menos todos aquellos ciudadanos que poseían la suficiente importancia para que mereciese la pena vigilarlos, podían ser tenidos durante las veinticuatro horas del día bajo la constante observación de la policía y rodeados sin cesar por la propaganda oficial, mientras que se les cortaba toda comunicación con el mundo exterior.

Por primera vez en la Historia existía la posibilidad de forzar a los gobernados, no sólo a una completa obediencia a la voluntad del Estado, sino a la completa uniformidad de opinión.

Después del período revolucionario entre los años cincuenta y tantos y setenta, la sociedad volvió a agruparse como siempre, en Altos, Medios y Bajos. Pero el nuevo grupo de Altos, a diferencia de sus predecesores, no actuaba ya por instinto, sino que sabía lo que necesitaba hacer para salvaguardar su posición. Los privilegiados se habían dado cuenta desde hacía bastante tiempo de que la base más segura para la oligarquía es el colectivismo. La riqueza y los privilegios se defienden más fácilmente cuando se poseen conjuntamente. La llamada «abolición de la propiedad privada», que ocurrió a mediados de este siglo, quería decir que la propiedad iba a concentrarse en un número mucho menor de manos que anteriormente, pero con esta diferencia: que los nuevos dueños constituirían un grupo en vez de una masa de individuos. Individualmente, ningún miembro del Partido posee nada, excepto insignificantes objetos de uso personal. Colectivamente, el Partido es el dueño de todo lo que hay en Oceanía, porque lo controla todo y dispone de los productos como mejor se le antoja. En los años que siguieron, la Revolución pudo ese grupo tomar el mando sin encontrar apenas oposición porque todo el proceso fue presentado como un acto de colectivización. Siempre se había dado por cierto que si la clase capitalista era expropiada, el socialismo se impondría, y era un hecho que los capitalistas habían sido expropiados. Las fábricas, las minas, las tierras, las casas, los medios de transporte, todo se les había quitado, y como todo ello dejaba de ser propiedad privada, era evidente que pasaba a ser propiedad pública. El Ingsoc, procedente del antiguo socialismo y que había heredado su fraseología, realizó, los principios fundamentales de ese socialismo, con el resultado previsto y deseado, de que la desigualdad económica se hizo permanente.

Pero los problemas que plantea la perpetuación de una sociedad jerarquizada son mucho más complicados. Sólo hay cuatro medios de que un grupo dirigente sea derribado del Poder. O es vencido desde fuera, o gobierna tan ineficazmente que las masas se le rebelan, o permite la formación de un grupo medio que lo pueda desplazar, o pierde la confianza en sí mismo y la voluntad de mando. Estas causas no operan sueltas, y por lo general se presentan las cuatro combinadas en cierta medida. El factor que decide en última instancia es la actitud mental de la propia clase gobernante.

Después de mediados del siglo XX, el primer peligro había desaparecido. No había posibilidad de una derrota infligida por una Potencia enemiga. Cada uno de los tres superestados en que ahora se divide el mundo es inconquistable, y sólo podría llegar a ser conquistado por lentos cambios demográficos, que un Gobierno con amplios poderes puede evitar muy fácilmente. El segundo peligro es sólo teórico. Las masas nunca se levantan por su propio impulso y nunca lo harán por la sola razón de que están oprimidas. Las crisis económicas del pasado fueron absolutamente innecesarias y ahora no se tolera que ocurran, pero de todos modos ninguna razón de descontento podrá tener ahora resultados políticos, ya que no hay modo de que el descontento se articule. En cuanto al problema de la superproducción, que ha estado latente en nuestra sociedad desde el desarrollo del maquinismo, queda resuelto por el recurso de la guerra continua (véase el capítulo III), que es también necesaria para mantener la moral pública a un elevado nivel. Por tanto, desde el punto de vista de nuestros actuales gobernantes, los únicos peligros auténticos son la aparición de un nuevo grupo de personas muy capacitadas y ávidas de poder o el crecimiento del espíritu liberal y del escepticismo en las propias filas gubernamentales. O sea, todo se reduce a un problema de educación, a moldear continuamente la mentalidad del grupo dirigente y del que se halla inmediatamente debajo de él. En cambio, la consciencia de las masas sólo ha de ser influida de un modo negativo.

Con este fondo se puede deducir la estructura general de la sociedad de Oceanía. En el vértice de la pirámide está el Gran Hermano. Éste es infalible y todopoderoso. Todo triunfo, todo descubrimiento científico, toda sabiduría, toda felicidad, toda virtud, se considera que procede directamente de su inspiración y de su poder. Nadie ha visto nunca al Gran Hermano. Es una cara en los carteles, una voz en la telepantalla. Podemos estar seguros de que nunca morirá y no hay manera de saber cuándo nació. El Gran Hermano es la concreción con que el Partido se presenta al mundo. Su función es actuar como punto de mira para todo amor, miedo o respeto, emociones que se sienten con mucha mayor facilidad hacia un individuo que hacia una organización. Detrás del Gran Hermano se halla el Partido Interior, del cual sólo forman parte seis millones de personas, o sea, menos del seis por ciento de la población de Oceanía. Después del Partido Interior, tenernos el Partido Exterior; y si el primero puede ser descrito como «el cerebro del Estado», el segundo pudiera ser comparado a las manos. Más abajo se encuentra la masa amorfa de los proles, que constituyen quizá el 85 por ciento de la población. En los términos de nuestra anterior clasificación, los proles son los Bajos. Y las masas de esclavos procedentes de las tierras ecuatoriales, que pasan constantemente de vencedor a vencedor (no olvidemos que «vencedor» sólo debe ser tomado de un modo relativo) y no forman parte de la población propiamente dicha.

En principio, la pertenencia a estos tres grupos no es hereditaria. No se considera que un niño nazca dentro del Partido Interior porque sus padres pertenezcan a él. La entrada en cada una de las ramas del Partido se realiza mediante examen a la edad de dieciséis años. Tampoco hay prejuicios raciales ni dominio de una provincia sobre otra. En los más elevados puestos del Partido encontramos judíos, negros, sudamericanos de pura sangre india, y los dirigentes de cualquier zona proceden siempre de los habitantes de ese área. En ninguna parte de Oceanía tienen sus habitantes la sensación de ser una población colonial regida desde una capital remota. Oceanía no tiene capital y su jefe titular es una persona cuya residencia nadie conoce. No está centralizada en modo alguno, aparte de que el inglés es su principal lingua franca y que la neolengua es su idioma oficial. Sus gobernantes no se hallan ligados por lazos de sangre, sino por la adherencia a una doctrina común. Es verdad que nuestra sociedad se compone de estratos —una división muy rígida en estratos— ateniéndose a lo que a primera vista parecen normas hereditarias. Hay mucho menos intercambio entre los diferentes grupos de lo que había en la época capitalista o en las épocas preindustriales. Entre las dos ramas del Partido se verifica algún intercambio, pero solamente lo necesario para que los débiles sean excluidos del Partido Interior y que los miembros ambiciosos del Partido Exterior pasen a ser inofensivos al subir de categoría. En la práctica, los proletarios no pueden entrar en el Partido. Los más dotados de ellos, que podían quizá constituir un núcleo de descontentos, son fichados por la Policía del Pensamiento y eliminados. Pero semejante estado de cosas no es permanente ni de ello se hace cuestión de principio. El Partido no es una clase en el antiguo sentido de la palabra. No se propone transmitir el poder a sus hijos como tales descendientes directos, y si no hubiera otra manera de mantener en los puestos de mando a los individuos más capaces, estaría dispuesto el Partido a reclutar una generación completamente nueva de entre las filas del proletariado. En los años cruciales, el hecho de que el Partido no fuera un cuerpo hereditario contribuyó muchísimo a neutralizar la oposición. El socialista de la vieja escuela, acostumbrado a luchar contra algo que se llamaba «privilegios de clase», daba por cierto que todo lo que no es hereditario no puede ser permanente. No comprendía que la continuidad de una oligarquía no necesita ser física ni se paraba a pensar que las aristocracias hereditarias han sido siempre de corta vida, mientras que organizaciones basadas en la adopción han durado centenares y miles de años. Lo esencial de la regla oligárquica no es la herencia de padre a hijo, sino la persistencia de una cierta manera de ver el mundo y de un cierto modo de vida impuesto por los muertos a los vivos. Un grupo dirigente es tal grupo dirigente en tanto pueda nombrar a sus sucesores. El Partido no se preocupa de perpetuar su sangre, sino de perpetuarse a sí mismo. No importa quién detenta el Poder con tal de que la estructura jerárquica sea siempre la misma.

Todas las creencias, costumbres, aficiones, emociones y actitudes mentales que caracterizan a nuestro tiempo sirven para sostener la mística del Partido y evitar que la naturaleza de la sociedad actual sea percibida por la masa. La rebelión física o cualquier movimiento preliminar hacia la rebelión no es posible en nuestros días. Nada hay que temer de los proletarios. Dejados aparte, continuarán, de generación en generación y de siglo en siglo, trabajando, procreando y muriendo, no sólo sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin la facultad de comprender que el mundo podría ser diferente de lo que es. Sólo podrían convertirse en peligrosos si el progreso de la técnica industrial hiciera necesario educarles mejor; pero como la rivalidad militar y comercial ha perdido toda importancia, el nivel de la educación popular declina continuamente. Las opiniones que tenga o no tenga la masa se consideran con absoluta indiferencia. A los proletarios se les puede conceder la libertad intelectual por la sencilla razón de que no tienen intelecto alguno. En cambio, a un miembro del Partido no se le puede tolerar ni siquiera la más pequeña desviación ideológica.

Todo miembro del Partido vive, desde su nacimiento hasta su muerte, vigilado por la Policía del Pensamiento. Incluso cuando está solo no puede tener la seguridad de hallarse efectivamente solo. Dondequiera que esté, dormido o despierto, trabajando o descansando, en el baño o en la cama, puede ser inspeccionado sin previo aviso y sin que él sepa que lo inspeccionan. Nada de lo que hace es indiferente para la Policía del Pensamiento. Sus amistades, sus distracciones, su conducta con su mujer y sus hijos, la expresión de su rostro cuando se encuentra solo, las palabras que murmura durmiendo, incluso los movimientos característicos de su cuerpo, son analizados escrupulosamente. No sólo una falta efectiva en su conducta, sino cualquier pequeña excentricidad, cualquier cambio de costumbres, cualquier gesto nervioso que pueda ser el síntoma de una lucha interna, será estudiado con todo interés. El miembro del Partido carece de toda libertad para decidirse por una dirección determinada; no puede elegir en modo alguno. Por otra parte, sus actos no están regulados por ninguna ley ni por un código de conducta claramente formulado. En Oceanía no existen leyes. Los pensamientos y actos que, una vez descubiertos, acarrean la muerte segura, no están prohibidos expresamente y las interminables purgas, torturas, detenciones y vaporizaciones no se le aplican al individuo como castigo por crímenes que haya cometido, sino que son sencillamente el barrido de personas que quizás algún día pudieran cometer un crimen político. No sólo se le exige al miembro del Partido que tenga las opiniones que se consideran buenas, sino también los instintos ortodoxos. Muchas de las creencias y actitudes que se le piden no llegan a fijarse nunca en normas estrictas y no podrían ser proclamadas sin incurrir en flagrantes contradicciones con los principios mismos del Ingsoc. Si una persona es ortodoxa por naturaleza (en neolengua se le llama piensabien) sabrá en cualquier circunstancia, sin detenerse a pensarlo, cuál es la creencia acertada o la emoción deseable. Pero en todo caso, un enfrentamiento mental complicado, que comienza en la infancia y se concentra en torno a las palabras neolingüísticas paracrimen, negroblanco y doblepensar, le convierte en un ser incapaz de pensar demasiado sobre cualquier tema.

Se espera que todo miembro del Partido carezca de emociones privadas y que su entusiasmo no se enfríe en ningún momento. Se supone que vive en un continuo frenesí de odio contra los enemigos extranjeros y los traidores de su propio país, en una exaltación triunfal de las victorias y en absoluta humildad y entrega ante el Poder y la sabiduría del Partido. Los descontentos producidos por esta vida tan seca y poco satisfactoria son suprimidos de raíz mediante la vibración emocional de los Dos Minutos de Odio, y las especulaciones que podrían quizá llevar a una actitud escéptica o rebelde son aplastadas en sus comienzos o, mejor dicho, antes de asomar a la consciencia, mediante la disciplina interna adquirida desde la niñez. La primera etapa de esta disciplina, que puede ser enseñada incluso a los niños, se llama en neolengua paracrimen. Paracrimen significa la facultad de parar, de cortar en seco, de un modo casi instintivo, todo pensamiento peligroso que pretenda salir a la superficie. Incluye esta facultad la de no percibir las analogías, de no darse cuenta de los errores de lógica, de no comprender los razonamientos más sencillos si son contrarios a los principios del Ingsoc de sentirse fastidiado e incluso asqueado por todo pensamiento orientado en una dirección herética. Paracrimen equivale, pues, a estupidez protectora. Pero no basta con la estupidez. Por el contrario, la ortodoxia en su más completo sentido exige un control sobre nuestros procesos mentales, un autodominio tan completo como el de una contorsionista sobre su cuerpo. La sociedad oceánica se apoya en definitiva sobre la creencia de que el Gran Hermano es omnipotente y que el Partido es infalible. Pero como en realidad el Gran Hermano no es omnipotente y el Partido no es infalible, se requiere una incesante flexibilidad para enfrentarse con los hechos. La palabra clave en esto es negroblanco. Como tantas palabras neolingüísticas, ésta tiene dos significados contradictorios. Aplicada a un contrario, significa la costumbre de asegurar descaradamente que lo negro es blanco en contradicción con la realidad de los hechos. Aplicada a un miembro del Partido significa la buena y leal voluntad de afirmar que lo negro es blanco cuando la disciplina del Partido lo exija. Pero también se designa con esa palabra la facultad de creer que lo negro es blanco, más aún, de saber que lo negro es blanco y olvidar que alguna vez se creyó lo contrario. Esto exige una continua alteración del pasado, posible gracias al sistema de pensamiento que abarca a todo lo demás y que se conoce con el nombre de doblepensar.

La alteración del pasado es necesaria por dos razones, una de las cuales es subsidiaria y, por decirlo así, de precaución. La razón subsidiaria es que el miembro del Partido, lo mismo que el proletario, tolera las condiciones de vida actuales, en gran parte porque no tiene con qué compararlas. Hay que cortarle radicalmente toda relación con el pasado, así como hay que aislarlo de los países extranjeros, porque es necesario que se crea en mejores condiciones que sus antepasados y que se haga la ilusión de que el nivel de comodidades materiales crece sin cesar. Pero la razón más importante para «reformar» el pasado es la necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido. No solamente es preciso poner al día los discursos, estadísticas y datos de toda clase para demostrar que las predicciones del Partido nunca fallan, sino que no puede admitirse en ningún caso que la doctrina política del Partido haya cambiado lo más mínimo porque cualquier variación de táctica política es una confesión de debilidad. Si, por ejemplo, Eurasia o Asia Oriental es la enemiga de hoy, es necesario que ese país (el que sea de los dos, según las circunstancias) figure como el enemigo de siempre. Y si los hechos demuestran otra cosa, habrá que cambiar los hechos. Así, la Historia ha de ser escrita continuamente. Esta falsificación diaria del pasado, realizada por el Ministerio de la Verdad, es tan imprescindible para la estabilidad del régimen como la represión y el espionaje efectuados por el Ministerio del Amor.

La mutabilidad del pasado es el eje del Ingsoc. Los acontecimientos pretéritos no tienen existencia objetiva, sostiene el Partido, sino que sobreviven sólo en los documentos y en las memorias de los hombres. El pasado es únicamente lo que digan los testimonios escritos y la memoria humana. Pero como quiera que el Partido controla por completo todos los documentos y también la mente de todos sus miembros, resulta que el pasado será lo que el Partido quiera que sea. También resulta que aunque el pasado puede ser cambiado, nunca lo ha sido en ningún caso concreto. En efecto, cada vez que ha habido que darle nueva forma por las exigencias del momento, esta nueva versión es ya el pasado y no ha existido ningún pasado diferente. Esto sigue siendo así incluso cuando —como ocurre a menudo— el mismo acontecimiento tenga que ser alterado, hasta hacerse irreconocible, varias veces en el transcurso de un año. En cualquier momento se halla el Partido en posesión de la verdad absoluta y, naturalmente, lo absoluto no puede haber sido diferente de lo que es ahora. Se verá, pues, que el control del pasado depende por completo del entrenamiento de la memoria. La seguridad de que todos los escritos están de acuerdo con el punto de vista ortodoxo que exigen las circunstancias, no es más que una labor mecánica. Pero también es preciso recordar que los acontecimientos ocurrieron de la manera deseada. Y si es necesario adaptar de nuevo nuestros recuerdos o falsificar los documentos, también es necesario olvidar que se ha hecho esto. Este truco puede aprenderse como cualquier otra técnica mental. La mayoría de los miembros del Partido lo aprenden y desde luego lo consiguen muy bien todos aquellos que son inteligentes además de ortodoxos. En el antiguo idioma se conoce esta operación con toda franqueza como «control de la realidad». En neolengua se le llama doblepensar, aunque también es verdad que doblepensar comprende muchas cosas.

Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigando en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega.... todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido —y seguirá siéndolo durante miles de años— de parar el curso de la Historia.

Todas las oligarquías del pasado han perdido el poder porque se anquilosaron o por haberse reblandecido excesivamente. O bien se hacían estúpidas y arrogantes, incapaces de adaptarse a las nuevas circunstancias, y eran vencidas, o bien se volvían liberales y cobardes, haciendo concesiones cuando debieron usar la fuerza, y también fueron derrotadas. Es decir, cayeron por exceso de consciencia o por pura inconsciencia. El gran éxito del Partido es haber logrado un sistema de pensamiento en que tanto la consciencia como la inconsciencia pueden existir simultáneamente. Y ninguna otra base intelectual podría servirle al Partido para asegurar su permanencia. Si uno ha de gobernar, y de seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad. Porque el secreto del gobierno infalible consiste en combinar la creencia en la propia infalibilidad con la facultad de aprender de los pasados errores.

No es preciso decir que los más sutiles cultivadores del doblepensar son aquellos que lo inventaron y que saben perfectamente que este sistema es la mejor organización del engaño mental. En nuestra sociedad, aquellos que saben mejor lo que está ocurriendo son a la vez los que están más lejos de ver al mundo como realmente es. En general, a mayor comprensión, mayor autoengaño: los más inteligentes son en esto los menos cuerdos. Un claro ejemplo de ello es que la histeria de guerra aumenta en intensidad a medida que subimos en la escala social. Aquellos cuya actitud hacia la guerra es más racional son los súbditos de los territorios disputados. Para estas gentes, la guerra es sencillamente una calamidad continua que pasa por encima de ellos con movimiento de marca. Para ellos es completamente indiferente cuál de los bandos va a ganar. Saben que un cambio de dueño significa sólo que seguirán haciendo el mismo trabajo que antes, pero sometidos a nuevos amos que los tratarán lo mismo que los anteriores. Los trabajadores algo más favorecidos, a los que llamamos proles, sólo se dan cuenta de un modo intermitente de que hay guerra. Cuando es necesario se les inculca el frenesí de odio y miedo, pero si se les deja tranquilos son capaces de olvidar durante largos períodos que existe una guerra. Y en las filas del Partido, sobre todo en las del Partido Interior, hallamos el verdadero entusiasmo bélico. Sólo creen en la conquista del mundo los que saben que es imposible. Esta peculiar trabazón de elementos opuestos —conocimiento con ignorancia, cinismo con fanatismo— es una de las características distintivas de la sociedad oceánica. La ideología oficial abunda en contradicciones incluso cuando no hay razón alguna que las justifique. Así, el Partido rechaza y vilifica todos los principios que defendió en un principio el movimiento socialista, y pronuncia esa condenación precisamente en nombre del socialismo. Predica el desprecio de las clases trabajadoras, un desprecio al que nunca se había llegado, y a la vez viste a sus miembros con un uniforme que fue en tiempos el distintivo de los obreros manuales y que fue adoptado por esa misma razón. Sistemáticamente socava la solidaridad de la familia y al mismo tiempo llama a su jefe supremo con un nombre que es una evocación de la lealtad familiar. Incluso los nombres de los cuatro ministerios que los gobiernan revelan un gran descaro al tergiversar deliberadamente los hechos. El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra; El Ministerio de la Verdad, de las mentiras; el Ministerio del Amor, de la tortura, y el Ministerio de la Abundancia, del hambre. Estas contradicciones no son accidentales, no resultan de la hipocresía corriente. Son ejercicios de doblepensar. Porque sólo mediante la reconciliación de las contradicciones es posible retener el mando indefinidamente. Si no, se volvería al antiguo ciclo. Si la igualdad humana ha de ser evitada para siempre, si los Altos, como los hemos llamado, han de conservar sus puestos de un modo permanente, será imprescindible que el estado mental predominante sea la locura controlada. […]


(George Orwell, 1984, cap. IX)


(*) Ignoro por qué se omite en esta traducción española la siguiente frase, presente en el original inglés: “Even the Catholic Church of the Middle Ages was tolerant by modern standards.” (M. F.)


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¿Cómo se le ha de responder al necio?

Leyendo el libro de Proverbios, he encontrado que este plantea un enigma acerca de cómo se ha de responder a las necedades de un necio. Me refiero concretamente a este consejo, presente en el capítulo 26, versículos 4 y 5 de dicho libro:

אל־תען כסיל כאולתו פן־תשוה־לו גם־אתה׃
ענה כסיל כאולתו פן־יהיה חכם בעיניו׃


No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te vuelvas como él; responde al necio según su necedad, no sea que se tenga por sabio a sus propios ojos.


“No respondas al necio según su necedad”; “responde al necio según su necedad”… ¿Se entiende lo enigmático de este consejo?

¿Hemos de responder o no a un necio que nos lanza necedades?

Creo que una opción más que válida para hacerle justicia al proverbio ―esto es, de responder y de no responder a un necio según su necedad, de no volverse uno como él y de evitarle que se tenga por sabio a sus propios ojos― es el SILENCIO…

¡Que el Señor nos libre de toda necedad!


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domingo 6 de junio de 2010

¿Terremotos o levantamientos populares?

Hace poco, mientras navegaba por la Web, me topé con una nota publicada en el diario La Nación bajo el título “Un comienzo de año marcado por los terremotos”. Desde luego, no hace falta que recuerde al lector los fuertes y devastadores sismos registrados en Haití y en Chile en los meses precedentes, a los cuales se sumaron el acaecido en China y en otros lugares del mundo.

Muchos han pretendido sugerir e incluso implantar en la conciencia colectiva mundial que dicho movimientos telúricos se encuentran englobados dentro del llamado “cambio climático”, término que últimamente, luego de la tremenda ola de frío que se abatió sobre el hemisferio norte durante el último invierno boreal, parece estar reemplazando al actualmente casi inverosímil de calentamiento global, cuyo principales paladines son la ONU y el ex vicepresidente norteamericano Al Gore. Otros, más afectos a oscuras y supuestas predicciones antiguas que sólo en los últimos años han alcanzado una más que sospechosa publicidad, han optado por vincular a los terremotos de los últimos meses con la archi-publicitada “profecía maya” que gira en torno del año 2012. El propio autor de la nota aparecida en La Nación parece no haber podido sustraerse de su influjo: “Las imágenes —dice el periodista al comienzo de la nota mencionada— parecen repetirse, una y otra vez. Casi con exacta similitud, parecen imitar el trailer de la película 2012, signada por las catástrofes naturales. Pero en este caso la ficción no estuvo presente, y fue la Tierra misma la que convirtió un día cualquiera en una pesadilla para millones de personas”.

Hay que decir ya mismo que las Escrituras también hablan profusamente de terremotos, especialmente en los pasajes referidos al fin de esta era, es decir, a los días previos al regreso de Jesucristo en toda su gloria. De hecho, es el propio Jesús quien dice a sus discípulos que en aquellos días…

…se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. (Mateo 24:7)

En otra entrada ya me he referido al sentido de la expresión “nación contra nación y reino contra reino” y de la precisión con la que estas palabras de Jesús se cumplieron y se siguen cumpliendo en nuestros días: Tal cosa debe, de hecho, suceder hasta que en un futuro para nada lejano dicho cumplimiento alcance el clímax que Dios mismo ordenó como parte de su plan para todos los hombres.

Sin embargo, en Mateo 24:7 Jesús menciona también como señales a las pestes, al hambre y a los terremotos que tendrían lugar “en diferentes lugares”. ¿Tiene esto algo que ver con lo ocurrido en el mundo durante los últimos meses?

En mi opinión, es muy probable que sí, aunque no, tal vez, en el sentido estricto que nuestra imaginación occidental podría dictarnos.

La palabra griega que en el pasaje citado suele traducirse como “terremotos” es σεισμος (seísmos), de donde se deriva el término español “sismo”. Pero el detalle interesante presente en este pasaje lo aporta, una vez más, el texto arameo siríaco del Nuevo Testamento, conocido como Peshita. He aquí como se lee Mateo 24:7 en dicho texto:


ܢܩܘܡ ܓܝܪ ܥܡܐ ܥܠ ܥܡܐ ܘܡܠܟܘܬܐ ܥܠ ܡܠܟܘܬܐ
ܘܢܗܘܘܢ ܟܦܢܐ ܘܡܘܬܢܐ ܘܙܘܥܐ ܒܕܘܟܐ ܕܘܟܐ ܀

(Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino,
y habrá hambrunas y enfermedades y terremotos en varios lugares)

Ahora bien, cuando se observa de más cerca al término ܙܘܥܐ (zaué), al cual se traduce generalmente como “terremotos”, surge la posibilidad de entender las palabras de Jesús con un sentido absolutamente novedoso. Al decir “absolutamente novedoso” me refiero, claro, a que puede resultar ajeno a todos los occidentales que hemos dependido durante toda nuestra vida de las traducciones de las Escrituras a nuestras lenguas vernáculas en base a los textos griego y latino.

Para sustanciar lo que aquí sugiero, citaré, traduciéndolas del inglés, las principales acepciones que el Compendious Syriac Dictionary de J. Payne Smith (1903) da para la palabra aramea siríaca ܙܘܥܐ (zauá):

movimiento, sacudón, temblor; a) físico, un terremoto, la vibración de un arma, el tambaleo de los pies, asombro, la levadura del fermento; b) mental, moción, movimiento, impulso; c) un movimiento popular, sedición.

En otras palabras, de acuerdo con la última acepción registrada en el Compendious Syriac Dictionary, el versículo aquí en cuestión podría traducirse también como:

…habrá hambrunas y enfermedades y movimientos populares (o bien: levantamientos populares) en varios lugares.

¿Pero qué decir entonces de los tremendos terremotos que desde comienzos de este año vienen asolando a diversas partes del mundo tales como Haití, Chile, China, etc.? ¿No vienen a confirmar el entendimiento tradicional que nosotros, lectores occidentales de las Escrituras, hemos asignado siempre al texto presente en Mateo 24?

Personalmente, creo que de ninguna manera una acepción aramea de la palabra ܙܘܥܐ ha de opacar necesariamente a la otra y que bien podría ser que las conmociones telúricas que comenzaron con el año 2010 estén anunciando conmociones sociales para un futuro cercano. Por lo pronto, la situación financiera en los Estados Unidos y en Europa es muy delicada: las últimas medidas de ajuste que tomaron los gobiernos de Grecia, de España, de Francia y de otras naciones de la llamada Eurozona han generado amplias protestas populares que podrían repetirse en cualquier momento como, de hecho, ha ocurrido en Atenas en el día de ayer.

Por otra parte, si se considerase la posibilidad de que Jesús se refirió con aquellas sus palabras mayormente a la tierra de Israel (una posibilidad que, a mi entender, es más que atendible), el sentido que aporta el término arameo encajaría con los contínuos y comprensibles levantamientos que ocurren en dicho territorio debido a la brutal ocupación sionista de Palestina.

Sea como fuere, no estaría mal que el lector tenga muy en cuenta que los terremotos a los que la tradición eclesiástica occidental lo ha acostumbrado a asociar con las predicciones que se encuentran en la Biblia (no en vano se suele utilizar la expresión “de proporciones bíblicas” para referirse a alguna gran catástrofe natural en los medios masivos de comunicación) bien podrían ser en realidad levantamientos populares (*) que están comenzando a tener lugar en muchas partes del mundo. Los terremotos serían, entonces, su correlato telúrico…

En definitiva, se trate de terremotos o de revoluciones, es oportuno recordar en este tiempo en el que todo se estremece y se sacude, en el que todo se calienta, se marchita y pasa, en el que naciones enteras se enfrentan con su momento de perderse en la noche de la Historia, las palabras del profeta Isaías:

LA PALABRA DE NUESTRO DIOS PERMANECE PARA SIEMPRE


(*) Levantamientos populares. He de hacer notar aquí que en el caso de Haití y de Chile —pero especialmente en el primero—, las agitaciones populares siguieron casi inmediatamente a las de la corteza terrestre, lo cual llevó a los Estados Unidos a enviar nada menos que 20.000 marines a la zona del desastre.


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sábado 5 de junio de 2010

"La Lección de Job", por Stephen Jones

El texto que sigue es mi traducción de un extracto de un folleto publicado por Stephen Jones en 1992 bajo el título The Laws of Wormwood and Dung (La leyes del ajenjo y del estiércol). Aunque un tanto estrafalario, dicho título alude a la amargura que puede apoderarse del corazón de los hombres —especialmente de los hombres que sirven a Dios— ante las adversidades, así como también al remedio que Dios aplica en estas situaciones.

El gran secreto para ser libre de toda raíz de amargura consiste, desde luego, en reconocer la absoluta soberanía de Dios sobre toda su creación, incluyendo nuestras propias vidas. Fue este reconocimiento de la soberanía de Dios el que permitió a José decir a sus hermanos: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente”. Se trata, en definitiva, del mismo principio que el apóstol Pablo puso luego por escrito en su Carta a los Romanos (8:28): “Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien…”



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La Lección de Job

Por Stephen Jones

A menudo he dicho que la mitad del mundo está furiosa contra Dios y que la otra mitad no lo conoce. ¿Por qué hay tanta gente enojada con Dios? Los hombres disienten respecto de Dios y de sus métodos, creyendo que Él es injusto por permitir que haya problemas en la tierra. Y así los teólogos y los filósofos sueñan con toda suerte de “soluciones”, intentando explicar el origen del mal, por qué existe en el mundo, qué es lo que Dios debería hacer para juzgar la maldad y cómo puede ser que un Dios soberano deba estar disociado de la misma. Tal es la raíz de la mayor parte de las falsas doctrinas (*).

Los hombres se amargan contra Dios cuando sienten que éste los ha tratado injustamente. Algunos se vuelven contra Dios abiertamente; otros permanecen en la Iglesia, pero se quejan durante todo el camino que conduce hasta la orilla de la gloria. En vez de acudir a Dios con su queja, muchos chismosean sobre Él enfrente de todos sus vecinos. Saben bien que no pueden quejarse de Dios mismo; en lugar de ello, proyectan su amargura y su enojo en las circunstancias, en sus familias o en los vecinos o (más comúnmente) en los pecadores de la calle o acaso en los de su iglesia.

Esto es un mecanismo psicológico de defensa habitual llamado “proyección”. Un hombre es injustamente acusado por su jefe en el trabajo; llega a casa y da un portazo, patea al perro y le grita a su esposa por no tener lista la cena a tiempo.

Job se quejó mucho mientras estaba siendo probado. Si bien la Biblia dice que “Satanás” era el agente directo a través del cual llegaron sus problemas, Dios asume el crédito último por ellos (Job 1:12). En su aprieto, Job habló con amargura, pues no entendía por qué un Dios bondadoso le haría semejante cosa a él, o por qué Dios permitiría que le ocurra a él (véase Job 3:20; 13:20; 23:2; 7:11).

Job no entendía que todos estos males que vinieron sobre él tenían un buen propósito. Dios utiliza el mal para traer nuestro orgullo a la superficie, donde podemos tratar con el mismo. Job, en su orgullo, juzgó a Dios. En efecto, decía: “Si yo fuese Dios, haría las cosas de manera diferente; ¡las haría bien!” Sí; ciertamente haríamos las cosas diferentes si estuviésemos en el lugar de Dios. Pero les garantizo que solamente embrollaríamos todo.

Isaías 45 nos advierte sobre este tipo de pensamientos.

[Yo soy] el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades; yo soy el SEÑOR, el que hace todo esto […] ¡Ay del que contiende con su Hacedor, el tiesto entre los tiestos de tierra! ¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”? ¿O tu obra dirá: “Él no tiene manos”?

En otras palabras, Dios asume todo el crédito por crear tanto el bien como el mal. Si nosotros, tiestos de tierra, queremos discutir este punto, deberíamos hacerlo con alguien a nuestro nivel: otros tiestos. ¿Insultarán estos tiestos de arcilla al Alfarero diciendo que es incompetente? ¿Está Dios lisiado? ¿”No tiene manos”?

El libro de Job es realmente un libro que trata sobre cómo evitar que la raíz de amargura invada el corazón. Dios permite que seamos heridos cada tanto por falsas acusaciones, y a veces por acusaciones ciertas que se nos lanzan duramente y sin amor. Si en nuestro orgullo juzgamos por ello a Dios, creyendo que éste nos ha tratado desleal o injustamente, ¡estamos más que acompañados! La mayor parte de la gente hace esto, aunque pocos se den cuenta. Admitir semejante actitud no estaría “justificado”, y difícilmente lo haremos.

Pero el hecho simple es que esta raíz de amargura comienza a trabajar dentro de nosotros y no pasa mucho tiempo hasta que otros lo ven. Todos hemos conocido gente amargada de la vida, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Fácilmente se verá esto en un pastor amargado por su actitud dura y condenatoria hacia otros; especialmente hacia los pecadores. En realidad está enojado con Dios, pero no puede hacer frente a esto, así que da de latigazos a todo el que se le pone a tiro. Esto le brinda una manera “legítima” de expresar su enojo contra Dios, bien ocultado por el legítimo pecado del pecador. Si alguno le señala esto, fácilmente puede ocultarse detrás de la pantalla de la “justa indignación” antes que enfrentar su propio enojo personal contra Dios.

He visto a pastores y a otras personas en el ministerio que han tomado dosis casi fatales de ajenjo. Sus prédicas son casi siempre negativas. Se sienten de lo más felices cuando exponen el pecado o las falsas doctrinas de la iglesia de la otra cuadra. Nunca hay una buena noticia, nunca algo emocionante de lo que Dios está haciendo hoy en la tierra. Y, como Pedro, comienzan a hundirse bajo las mismas olas que deploran y temen.

No hay nada de malo con predicar contra el pecado; nada de malo con exponer a la luz las falsas doctrinas de otras iglesias. De hecho, tales cosas son en general necesarias y buenas. Pero la Verdad no es Verdad a menos que proceda de un espíritu correcto. No hay Verdad alguna lejos de la fe y del amor, pues lo que no procede de la fe es pecado (Romanos 14:23), y la Verdad debe hablarse siempre con Amor (Efesios 4:15).

Podremos conocerlo todo, pero si no tenemos Amor, no somos nada. La Verdad sólo es Verdad cuando combina los Hechos con el Amor. Los Hechos sin el Amor son, en el mejor de los casos, sólo verdades a medias.


(*) La solución al problema del mal presentada en las Escrituras es el tema del excelente libro de Jones Creation’s Jubilee (El Jubileo de la Creación, 1991) y del más breve The Problem of Evil (El problema del mal), el cual ya he traducido y publicado en este blog (véase el resumen de marzo de 2010, desde el cual se puede enlazar a cada uno de los siete capítulos de la mencionada obra).


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viernes 4 de junio de 2010

"La creciente locura de Israel", por Avigail Abarbanel

El artículo que publico a continuación me parece de lo más relevante que he visto en la Web desde el ataque del lunes pasado por parte del ejército del Estado de Israel contra la Flotilla de la Libertad acerca de la oscura fuerza que guía los pensamientos y las acciones de la sociedad israelí. Sin embargo, el mismo lleva ya más de un año de escrito. Y es que, sencillamente, no existe la devaluación en el mundo de las observaciones profunda de primera mano; sobre todo, no existe la devaluación en el mundo de la conciencia.

Su autora, Avigail Abarbanel, es una psicoterapeuta nacida en 1964 en el Estado de Israel y que actualmente reside en Escocia. Al parecer, siguió en esto el mismo camino de sus paisanos Gilad Atzmon e Ilan Pappé, quienes cambiaron al estado sionista por las islas británicas luego de sentir que la realidad que los circundaba era irreconciliable con la realidad a secas.

En
unas líneas autobiográficas que pueden leerse en su página web, Abarbanel aclara lo siguiente: “Cuando tenía 25 años y llevaba ya dos años casada con mi primer marido, me enrolé en la Universidad Bar-Ilán, en el Programa Combinado de Ciencias Sociales … Escogí Bar-Ilán porque requería de sus estudiantes el tomar clases en estudios judaicos además de sus materias principales. Siempre había tenido mis reservas y objeciones respecto de la religión y el pensamiento judíos, pero al haber crecido en una familia secular conocía muy poco sobre la religión y la ley judía y mis objeciones no estaban bien fundadas. Bar-Ilán no me defraudó y gané un montón de entendimiento sobre qué era lo que me disgustaba de la religión y la filosofía judaicas”.


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La creciente locura de Israel

Por Avigail Abarbanel


Escribí esto el 9 de febrero de 2009, en vísperas de las elecciones en Israel, luego de ver una entrevista con el padre de Benjamín Netanyahu en la TV israelí.

El padre de Bemjamín Netanyahu —descripto como “filoso como una navaja a la anciana edad de 99 años— brindó una rara entrevista a Amit Segel del Canal 2 de Israel en apoyo de la campaña electoral de su hijo (Sitio web del Canal 2, 7 de feb. De 2009). En un punto de la entrevista, el profesor Ben-Zion Netanyahu dijo:

"Hoy nos enfrentamos simple y llanamente a un peligro de aniquilación. Esto no es sólo el permanente peligro existencial para Israel, sino un verdadero peligro de aniquilación completa. La gente piensa que la Shoá (Holocausto) ha concluido; pero esto no es así: continúa todo el tiempo” (la traducción del hebreo es mía. — N. de la A.).

Los puntos de vista del padre de Netanyahu no representan los de un lunático, sino que son la corriente principal en Israel. Cuando yo crecía en Israel, las cosas eran muy similares. Yo y todos mis conocidos creíamos en serio que estábamos siempre en riesgo de aniquilación. El temor a la aniquilación está en el corazón de lo judío —no sólo en la cultura israelí— y es previo al del Holocausto. Pero el clima en Israel hoy en día es mucho más extremo de lo que era en mi tiempo; Israel, en su conjunto, se mueve cada vez más hacia una posición de fanatismo irracional.

Cuando la percepción de la realidad de una persona está completamente fuera de contacto con la realidad misma, comenzamos a tener una incómoda sensación de que algo podría estar mal en su mente. ¿Dónde está la evidencia de que los judíos, en este mismo instante, se enfrentan a “un peligro real de aniquilación total"? ¿Dónde está la evidencia de que el Holocausto, un plan sistemático y deliberado de eliminar a todos los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, se sigue llevando a cabo? Yo incluso diría que decir esto es un insulto a las víctimas del Holocausto real. Se dice que Israel es una de las fuerzas militares más poderosas del mundo, pero los israelíes aún creen que están siendo aniquilados en este mismo instante. Esto es locura. Algunos sí están, de hecho, bajo ese riesgo de aniquilación cultural, económica, política e incluso física. Pero no es Israel o los judíos, sino los palestinos, y el aniquilador es el propio Israel.

Nuestra política y nuestra economía son un producto de nuestra psicología, no algo separado. Tomamos decisiones políticas y económicas sobre la base de lo que somos, lo que sentimos y lo que creemos. Muchos llevamos a cabo una búsqueda racional, un análisis racional —a menudo político o económico— de lo que ocurre en Israel-Palestina. Pero la única manera de interpretar la conducta de Israel durante los últimos 61 años es a través de la comprensión de la psicología de su sociedad y de sus dirigentes.

Hacer caso omiso de la psicología de Israel es peligroso, puesto que significa que cualquier intervención basada únicamente en consideraciones políticas corre el riesgo de convertirse en irrelevante. De hecho, si se mira la historia de la diplomacia y de las “negociaciones de paz” en la región, es bastante obvio que no han logrado nada en lo absoluto. Las cosas parecen estar avanzando en una trayectoria determinada por algo que para alguien de mi profesión se parece más a una enfermedad mental que a un plan político, sin relación alguna con cualquier esfuerzo racional diplomático, “hojas de ruta”, planes de paz o treguas.

El comportamiento de Israel es un producto directo de su lucha con las consecuencias psicológicas de la identidad judía, la que a su vez determina la razón misma de existencia de Israel. En su libro Alternative to a Psychotic State, Akiva Orr se pregunta si Israel es un estado “judío” o “un estado para los judíos". Puesto que no es un estado judío —la ley estatal israelí es diferente de la ley religiosa—, ha de ser, entonces, un estado para los judíos. Y esto plantea la pregunta de quién o qué es un judío, para la cual nunca ha habido una respuesta jurídica satisfactoria. Israel no tiene una constitución precisamente porque no puede resolver la cuestión de quién o qué quiere ser. Como algo de facto, la definición sionista secular moderna de un judío es alguien a quien Hitler ha considerado un judío. Efectivamente, los judíos se han dejado definir por quienes los odiaban y buscaron su aniquilación. En otras palabras, dicha identidad se formó como una reacción a un conjunto particular de circunstancias.

¿Pero qué sucede si hay un cambio de circunstancias? En otras palabras, si los judíos ya están a salvo en el mundo y este ya no es lo que el pueblo judío pensaba que era, entonces los judíos ya no saben quiénes son, en cuyo caso o bien la identidad judía necesita cambiar o bien uno se asegura de que el mundo vuelva a ser lo que era cuando los judíos eran perseguidos. De esta forma, no hay necesidad de pasar por el difícil proceso de auto-examen o vivir en un mundo que no tiene sentido. La razón de la existencia del Estado de Israel es un resultado directo de la auto-percepción judía como víctimas de la persecución. Israel fue creado para ofrecer un refugio seguro para los judíos perseguidos.

Podría equivocarme, puede que sea ingenua, pero no creo que los líderes israelíes sean conscientes de que gracias a ellos se está volviendo a las formas más tradicionales de antisemitismo; quiero decir: no creo que estén planeando esto concientemente. Están operando sin darse cuenta y probablemente se crean sus propias explicaciones por lo que están haciendo: por ejemplo, que atacaron a Gaza para debilitar a Hamas.

Pero debemos mirar las consecuencias reales de las acciones de Israel en Gaza y hace tres años en el Líbano, por ejemplo, para entender la motivación real de Israel. Si las acciones de Israel llevan a un aumento en el fanatismo y en el sentimiento antijudío, esto se debe a que esto es lo que Israel quiere lograr, aunque sea inconcientemente. ¿Pero por qué Israel necesita más fanatismo y antisemitismo? Un aumento real del antisemitismo y de los ataques contra los judíos pondría la realidad actual en consonancia con una obsoleta realidad imaginaria y contribuiría a mantener la identidad judía inalterada. La realidad es que los judíos no han sido víctimas —no, ciertamente, de un régimen genocida—por más de sesenta años; el Holocausto no está ocurriendo ahora y no hay intento alguno de aniquilar a los judíos de parte de nadie. El hecho de que los judíos vivan con seguridad en todas partes y no sean perseguidos incomoda a Israel. Si los judíos están seguros en todas partes, entonces la identidad judía está siendo cuestionada y así lo es también la razón misma de la existencia de Israel. El mismo estado que se creó para salvar a los judíos de la persecución necesita ahora que sean perseguidos de nuevo para poder seguir existiendo. La escalada en la limpieza étnica de los palestinos es uno de los medios para lograr dicho fin.

Los palestinos, que intentan desesperadamente comprender lo que les ha sucedido, se encuentran atrapados en esta locura y son sus víctimas. No es por ser quienes son o por algo que hicieron que están sufriendo. Es porque han tenido la desgracia de vivir en la tierra que un movimiento sionista neurótico decidió tomar para sí sin importar el costo. Creo que muchos palestinos están comenzando a reconocer esto, pero los líderes mundiales continúan creyendo la propaganda racista de Israel, la cual dice que hay algo inherente al pueblo palestino que implica que ellos merecen lo que reciben.

He ahí por qué es esencial que el mundo intervenga de manera decisiva. No confío en que Israel desarrolle repentinamente una conciencia de sí mismo de manera que entienda lo que está haciendo y le ponga fin. La delincuencia creciente de Israel demuestra exactamente lo contrario. A los palestinos no les queda mucho más tiempo.


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